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Pinares del río Cofio

El campo

En el extremo oeste de la comunidad de Madrid, donde el río Cofio desembocaba en el Alberche y ahora se encuentra con las aguas embalsadas del Pantano de San Juan, se encuentra lo que muchos madrileños entienden por “el campo”, en su acepción más urbana y lúdica. “El campo” está cubierto por una verde alfombra de pinos piñoneros (Pinus pinea), que son lo que el madrileño medio, y probablemente también el español medio, entiende por “árboles” (de nuevo, dibuja un árbol a ver qué te sale).

Pantano de San JuanCuriosamente, nadie tiene claro si estos pinares se pueden considerar autóctonos, porque en estas latitudes y altitudes lo que cabría esperar son encinas, como las que se entremezclan  con los pinos, aunque hay estudios que avalan su origen natural. En cualquier caso, se trata de una vegetación mesomediterránea y de un paisaje amable que da ya la espalda a la sierra. Los domingueros, y los distinguidos naturalistas que visitan estos parajes entre semana, siempre han preferido esta zona para darse al sol, el baño y la tortilla. La nieve queda ya lejos de aquí…

Bien, pues buscando una pista que facilitara el acceso al agua del pantano con el kayak a la espalda, recorrí el pasado 2 de junio el trayecto siguiente:

20110602 Pantano de San Juan

Sus habitantes

El propósito de llegar fácilmente al agua ya era optimista, porque lo habitual es que el agua solo llegue hasta aquí cuando el nivel del pantano es muy alto, pero se frustró de raíz nada más ver la barrera situada al principio del camino. El paseo, sin embargo, fue productivo e interesante.

Colgando de una encina, al borde del primer tramo del camino, me encontré con esto:
Tmarus, una extraña araña cangrejo

Además de ser un bicho considerablemente raro, colgaba de un hilo de telaraña vertical, hacía viento y no se estaba quieto. Más tarde he sabido que era una araña cangrejo, de la familia Thomisidae (ver “Mayo, arañas y corazones rotos“) y seguramente del género Tmarus. Aún así no he encontrado otras imágenes de nada parecido.

Por mucho que defienda la belleza incomprendida, la cosa iba a mejorar bastante:

Nemoptera bipennis, un neuróptero

Nemoptera bipennis

Nemoptera bipennis, un insecto del orden Neuroptera, es un ser espectacular. Peligro, SarlaccLos neurópteros, en general, son depredadores. Tienen un ciclo vital complejo, con metamorfosis completa. Los de la familia Myrmeleontidae se parecen mucho a las libélulas, pero sus larvas, a las que deben su nombre común de “hormigas león”, son seres de pesadilla, que se entierran en la arena dejando asomar solo las mandíbulas, y se alimentan de los pobres insectos terrestres que pasan por allí. ¿Recordáis la escena de la barca de Jabba el Hutt en “El retorno del Jedi”, y el bicho/agujero del desierto (el sarlacc) donde pensaba tirar a Luke y compañía? Pues George Lucas no tuvo que imaginárselo todo.

2011063107-Nemoptera-bipen2Nemoptera bipennis, al menos de adulta, es un insecto grácil que vuela como al descuido, y es tan delicado y discreto, en su entorno de matorral reseco, que tuve que fotografiarlo con diafragmas muy abiertos para que no se confundiera y se perdiera con el fondo. Esas alas traseras alargadas y enroscadas, que le sirven como contrapesos o estabilizadores, le dan el aspecto de haberse escapado de un cartel de Mucha.

Mientras observábamos a una de las N. bipennis, se posó cerca este escarabajo:

Nustera distigma, un escarabajo de la familia Cerambicidae

Nustera distigma

Nustera distigma es un cerambícido, familia de escarabajos célebre en estas latitudes porque a ella pertenecen algunos de los de mayor tamaño que viven en España y Europa. Las larvas de estos parientes de gran tamaño (hasta 6 cm llega a medir el cuerpo de los adultos, y tienen larguísimas antenas) se alimentan de madera, lo que a veces les trae problemas además de celebridad. N. distigma es pequeño, solo come flores y se lo considera beneficioso por su función polinizadora.

Por último, quiero incluir a este chinche de campo, del género Hadrodemus:

Hadrodemus sp. un chinche de campo

Hadrodemus sp.

Un par de horas bien empleadas. El próximo día espero llevar el kayak, pero por otro camino.

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No hay mosquitos gigantes

No hay mosquitos gigantes. Hay mosquitos enormes, pero lo que se salga de la talla de un mosquito, no es un mosquito. Esta tarde, entre tanda y tanda de catorce horas de traducción (aproximadamente), me he levantado de la silla y me he encontrado este animalito, cuyo cuerpo medía unos 15 mm de largo, con una envergadura total de unos 2011053101-Típula5 o 6 cm. Es una típula, un insecto del orden Diptera, como las moscas y los mosquitos, pero mucho más grande y absolutamente inofensivo.

Además de inofensivos, son torpones, fáciles de atrapar. Y además de torpones, son frágiles. Al de la foto le faltaban las dos patas dealanteras. Lo de ser frágiles no es necesariamente un defecto: es posible que algún depredador no muy listo ande ahora mismo por ahí pensando qué hacer con esas dos patitas magras, mientras su dueña, aún viva, posa para salir en los blogs. Los dípteros se llaman así porque en lugar de cuatro alas, que es lo normal en los insectos, tienen solo dos; las otras dos las tienen atrofiadas y convertidas en unos órganos llamados “balancines”, que utilizan como giroscopios para controlar el vuelo. Bueno, eso los que controlen el vuelo, porque las pobres típulas no son un prodigio de velocidad ni de precisión. En fin, solo dos alas y un par de patas de menos, un insecto compacto y económico.

No pican, se alimentan del néctar de las flores, si es que se alimentan. En algunas especies, las hembras tienen una especie de aguijón en el abdomen, pero no es un aguijón, es un órgano que les sirve para poner los huevos. Que no pican, dejadlas tranquilas.

 

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